Foto: Hotblack-MorgueFile.com

Nos deja caer el amante que se fue, la cajera del supermercado, el chófer del autobús, algún ser querido que habita otro lugar, aquella mujer que nos atropelló por la calle, el niño que bajaba por el tobogán. Nosotros mismos dejamos caer pedazos de vez en cuando.

¿Qué habrá detrás de la puerta del 2011? Estamos a punto de meter la llave en la cerradura, la puerta va a crujir, la luz entrará por la primera rendija, nuestro ojo se asomará al 2012, curioso, con ganas, imagino. Pero, más que el ojo, metamos la mano, porque a este año nuevo le van a hacer falta muchas manos, buenas manos, para ser el que queremos, y pies, también pies, y piernas, y un montón de corazones y tripas. ¡Pongámoslo todo y hagamos un año mejor! ¡Felices Fiestas!

He estado unos días de viaje, pocos, pero suficientes para conocer otro rincón del paraíso. Lo vi en mi camino entre Irun, Antzuola, Iurreta, Eskoriatza y Bilbo. Entre sesión y sesión, y de sesión a sesión, me fui llenando de él. Tengo que reconocer que los paraísos no solo se ven, también se huelen, se tocan, se oyen, se comen… Éste tenía olor a campo húmedo y melodía de río de montaña, pero también silencio, como todos. Y contrastes. Chuleta, salchicha. Montaña, río, casi mar. Gente suave y áspera, charlatana y callada.

Eskerrik Asko, Virginia, Iñaki, Karmelo, Ander, Maider, Gaizko… y la de nombres que no me sé.

Añado aquí el enlace a la entrevista que salió en la revista Artez número 175 del mes de Noviembre: Creo que es un privilegio vivir del cuento… . Curiosamente aún estoy de acuerdo con lo que dije.

Dona Ajaguda - Foto: Bàrbara Santana

…de un barrio, de una vida. Hacía ya tres meses que no decía nada; pasaba por aquí en silencio, miraba, y veía siempre el mismo paisaje. Después de sumergirme en el inglés durante una temporada larga, ya estoy de vuelta. De vuelta al Proyecto Grimm, de vuelta a las sesiones, de vuelta al Astrolabio, de vuelta a las tertulias de ComRàdio… y, sobre todo, a encontrarme con amigos, a charlar, a ensayar nuevas sesiones (sí, en plural, ¡qué audaz!). Y, como estoy de vuelta a amigos, también lo estoy a un amor antiguo: la música. Ayer un concierto lindo: Paulinho Lemos y Alejandro Luzardo en el Jamboree. He aquí una muestra de su música, pero nada como el directo. 

Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Biblioteca Torrente Ballester y algo más 

Un hombre sisea, unas mujeres dicen que una Pepi ha comprado unos pendientes para una María Isabel, un viejo camina por un camino que termina en una autopista, una mujer come sola frente a un espejo en un bar de carretera. De Barcelona a Zafra, dibujo una diagonal por tierra, como con un palito en la arena de la playa.

Calle de Zafra - Foto: http://www.viamedius.com/duniazukov

Una mañana de principios de mayo la ciudad me recibe hermosa. Bajo del autobús. Lo de menos, el palacio; lo de más, las casas encaladas con tantos años a cuestas y el convento de Clarisas con sus corazones de avellana. Ah, y una lluvia que arrulla la primera siesta del viaje. Alguien me ha regalado un día entero. El siguiente se llena de sorpresas. Burguillos del Cerro con sus tres sesiones de cuentos, y la visita con Reme al Ayuntamiento, antiguo convento, que se transforma en un chapuzón junto a los antiguos nichos de las monjas (yo, que andaba buscando el miedo, lo encontré casi igual que aquel Juan, metiendo el pie en el agua que no esperaba encontrar). Por la tarde, los reencuentros. Nos vamos las Patricias a la exposición de Elena Pérez en los Santos de Maimona. Rematamos con unas copas y unas tapas junto a Toni, Flori y Antonia. El día siguiente toca Salvaleón. Observo y admiro la naturaleza, tópica sinfonía de verdes (incluyo y destaco el “verde vejiga”, que siempre recordaré gracias a Elena). Otras tres sesiones con niños de primaria; un disfrute que incluye mi segundo desayuno entre sesiones con Maribel y Ángela. ¡Cómo me gusta que me mimen! Luego son visitas, paseos, comidas, y el viaje a Salamanca con los Pecos. ¡Madre mía! Salamanca se convierte en noche de hotel y mañana de bares, conocer amigos de amiga, siesta y sesión en el Teatro de la Biblioteca Torrente Ballester, con su público espectacular (nunca mejor dicho).

Después, el tren a Madrid, familia, amigos… Hasta llegar a ese tránsito por el aeropuerto, pasos sin zapatos, tierra de nadie, seguro anonimato. Volar y aterrizar. Volver a casa.

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