¿…cuando empezó todo? Solo sé que mi cabeza llegaba a la altura de la baranda, y que era capaz de extender mis brazos por encima de ella. En las noches despejadas y cálidas mi abuela nos hacía salir al balcón con cajitas de fósforos vacías para ver cuántas estrellas podíamos atrapar. Cuando las teníamos dentro, les susurrábamos deseos al oído y luego las echábamos a volar.  Será por eso que el universo está lleno de palabras fugaces, enanas, gigantes, polares… y que, cuando menos te lo esperas y más las necesitas, caen en tu cajita de fósforos para que de nuevo las eches a volar. 

Aquí estoy, jugando por primera vez con mi astrolabio, mirando el firmamento, buscando palabras. ¡Gracias por acompañarme y BIENVENID@S!

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