Valida el billete y las puertas se abren.

Túnel - Foto: http://www.madrid.org

De pequeña siempre había jugado a abrir y cerrar puertas como en La Guerra de las Galaxias mientras hacía sus inevitables trayectos por túneles de metro: a cada fluorescente, un botón. Se sabía protegida de todo mal. La espalda estaba cubierta, los flancos guardados por duras paredes de plomo. Era bonita y estaba enamorada.

Baja del vagón y sube las escaleras mecánicas.

Hoy no tiene ganas de jugar. Es de esos días de pie izquierdo y gatos negros. Así que cuando llega a su destino y sigue las indicaciones de la flecha verde hacia la salida no le extraña que las puertas no se abran. No encuentra el mando por ningún lado y el detector no percibe su presencia. Tiene más de cuarenta y es hora de transparencias.

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