De la misma manera que en la portada del libro es difícil encontrarlos, así me fue difícil encontrarlos en Casa América (www.americat.net). Nicolás Buenaventura, Ignasi Potrony, Pep Bruno, y la silla vacía de Inma Grau. Tres personas dividiéndose, multiplicándose, sumándose, restándose, contándose para contarnos la historia del parto de Palabra de Cuentero*, un libro más que un libro.

Anteayer por la tarde iba camino de la presentación imaginando qué podría decir yo sobre él. Lo volví a hojear, repasé algunas páginas con dobleces, releí apuntes al borde de los párrafos. “De nuevo he caído en esa forma de leer, tan poco analítica, tan desmemoriada”, pensé. “Si me preguntan de qué trata el libro, no sabré decirlo. Pero ¡cómo lo he gozado!” Me puse a rememorar sensaciones, pensamientos suscitados por la lectura, situaciones vividas mientras sucedía esa lectura, y me di cuenta de que eso, precisamente eso, era lo importante para mí: lo que el libro despertaba, lo que hacía.

Desde el día que me lo regalaron, ha sido habitante de mi bolso junto al cacao para los labios o al monedero, viajero del metro, compañero de la mesita de noche. He hablado con él, le he llevado la contraria, he discutido, he masticado sus dudas, sus talveces, sus nosés y sus preguntas, he repetido algunas de sus palabras deseando que fueran mías, lo he garabateado (tanto como él a mí).

Y, cuando estaba a punto de finalizar el acto, que más que una presentación merecería llamarse bautizo, por aquello del ritual, sentí vergüenza de llevar mi libro toqueteado, usado a que me lo dedicaran. Pero lo hice. ¡¡¡Hoy tengo preguntas y enigmas hasta en las dedicatorias!!!

Gracias a los tres… ¿Tres?, ¿cuatro?, ¿cinco?

 

*Libro perteneciente a la colección En Teoría, de la editorial Palabras del Candil (www.palabrasdelcandil.com) – Libros y cuentos de narradores orales.

Anuncios