He estado unos días de viaje, pocos, pero suficientes para conocer otro rincón del paraíso. Lo vi en mi camino entre Irun, Antzuola, Iurreta, Eskoriatza y Bilbo. Entre sesión y sesión, y de sesión a sesión, me fui llenando de él. Tengo que reconocer que los paraísos no solo se ven, también se huelen, se tocan, se oyen, se comen… Éste tenía olor a campo húmedo y melodía de río de montaña, pero también silencio, como todos. Y contrastes. Chuleta, salchicha. Montaña, río, casi mar. Gente suave y áspera, charlatana y callada.

Eskerrik Asko, Virginia, Iñaki, Karmelo, Ander, Maider, Gaizko… y la de nombres que no me sé.

Añado aquí el enlace a la entrevista que salió en la revista Artez número 175 del mes de Noviembre: Creo que es un privilegio vivir del cuento… . Curiosamente aún estoy de acuerdo con lo que dije.

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