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Dona Ajaguda - Foto: Bàrbara Santana

…de un barrio, de una vida. Hacía ya tres meses que no decía nada; pasaba por aquí en silencio, miraba, y veía siempre el mismo paisaje. Después de sumergirme en el inglés durante una temporada larga, ya estoy de vuelta. De vuelta al Proyecto Grimm, de vuelta a las sesiones, de vuelta al Astrolabio, de vuelta a las tertulias de ComRàdio… y, sobre todo, a encontrarme con amigos, a charlar, a ensayar nuevas sesiones (sí, en plural, ¡qué audaz!). Y, como estoy de vuelta a amigos, también lo estoy a un amor antiguo: la música. Ayer un concierto lindo: Paulinho Lemos y Alejandro Luzardo en el Jamboree. He aquí una muestra de su música, pero nada como el directo. 

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Recuerdo Suecia sobre todo en invierno. Cuando tenía 6 años empecé allí la escuela. Mi profesora nos hacía sentar en almohadones junto a un piano y nos leía cuentos. No sabía entonces la importancia que tendrían los pianos y los cuentos en mi vida, y desconozco aún la importancia de los almohadones y las profesoras. Escogía fragmentos de la Biblia, libros de Astrid Lindgren, cuentos de Elsa Beskow… En esa época, mi hermano y yo solíamos dar vueltas y más vueltas por el barrio: calles, jardines, parques, bosques, montículos… Cuando llegaba el invierno, cambiábamos la bicicleta por el trineo y los patines, y los vecinos salían de noche a regar el jardín para perfeccionar nuestra pista de hielo. Pocos días antes de Navidad, abandonaba a mi hermano en otros quehaceres (cazar sapos, lanzar cuchillos…), y me dedicaba a vivir el suspense exclusivamente femenino de no saber a quién le tocaría hacer de Lucía durante la procesión de la santa que tendría lugar el día 13 de diciembre al anochecer. Ella llevaría una corona de velas sobre la larga cabellera rubia. Soñaba con ser Ella. Pero siempre fui la estela que dejaba atrás, cantando “Natten går tunga fjät… con una vela en la mano. Creo que esta noche, me pongo la corona de velas y, a quien quiera, le canto la canción. ¡Feliz Navidad! God jul och gott nytt år!

 

14 de novembre de 2010

Teclat piano anònim del s. XIX

 

El lloc és íntim, color vermell, familiar. Han posat cadires, tantes com hi caben. El meu home (m’agrada dir-li així) s’afanya a deixar-ho tot impecable: l’harmonització està feta, ha acabat d’afinar, a veure si aguanta, a veure si no es desafina cap nota, posa la tapa i el faristol, col·loca el tamburet, s’ho mira, dubta. L’Erard nascut l’any 1884 ha de sonar impecable, ha de respondre a la voluntat i al bon gust de la pianista. És la Miriam Gómez Morán (www.miriamgomezmoran.com), una dona d’aspecte afable i cara de bona persona. Chopin i Liszt*. Un programa no gens fàcil de tocar ni d’escoltar. Arriba, amb un vestit blau fins als peus, sòbria i bonica. Seu. El director del museu, en Romà Escalas, presenta el concert, la concertista. Ella presenta la música i el piano; paraules, so, gest, expressió. Ens porta del més senzill al més complexe amb tranquil·litat i amb passió, amb tots els matissos. Transmet el seu enorme amor pel que fa i per tot allò que l’envolta, respecte, delicadesa, tacte. És un plaer escoltar-la, veure-la, observar els braços, les mans, les celles…

Ha parlat d’espiritualitat i passió a la música de Liszt, sembla que ara ens faci una demostració pràctica. Ella és la música que toca. Forta, contundent, íntima. El ball de Mefistòfeles, l’infern de Dante, l’amor de Paolo i Francesca da Rimini. Ho és tot. I ens convenç per anar-hi amb ella, per ser-hi i viure-ho tot de primera mà. Fa cantar el piano, donant-nos a tastar el caràcter de cada nota, i cada nota ens trasllada allà on ella vol.

Se sobreposa als detalls d’alguns que han oblidat tancar el mòbil i que corren el perill de ser abandonats a l’infern, i finalment decideix tornar-nos a tots al pacífic auditori, a la sala dels grans instruments de teclat.

Aplaudiments i bravos per a un gran concert en una petita sala.


*Les obres: Nocturn nr. 1 opus 9 i Variacions brillants, de Chopin; Vals de Mefistòfeles nr. 4 i Fantasia quasi sonata “Després d’una lectura de Dante”, de Liszt.

 

 

Hace días, semanas, meses que tenía ganas de mostrar algunas de las canciones de mi vida (que, os aviso, son unas cuantas), pero no sabía cómo hacerlo venir bien. Es como cuando alguien te está hablando de un tema que exige concentración y semblante grave y tú sólo tienes ganas de tararear una melodía. Quizás la melodía sea la respuesta, pero ¿cómo se lo haces entender al otro y que no se lo tome a mal? ¿Cómo le dices que para ti una canción es importante, trascendental, una bonita manera de comunicarse? ¿Cómo explicas que a veces las palabras de otros son las idóneas? O que, sencillamente, una canción es la mejor manera de penetrar el silencio. 

    

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