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“La palabra que no nace del silencio es mentira”, Raimon Panikkar.

“El lenguaje forma parte del esfuerzo para establecer contacto entre dos seres separados por la individuación. No hay posibilidad de acceso al lenguaje si no hay al menos el deseo de comunicar”, Graciela Collina.

“Es interesante constatar que la precocidad del desarrollo de la función auditiva, comparada con las otras funciones sensoriales: visión, olfato, gusto, tacto, sitúa al feto en un entorno que ya está marcado por “la voz humana”, G. C.

“No hay que sacrificar la imaginación en pro de la realidad, pues sin ella la realidad perdería toda oportunidad de crecimiento y cambio”, Evelyn Torres.

“Si el precio de la seguridad es quedarse sin imaginación, sin creatividad, sin libertad, yo creo que la seguridad es una necesidad primordial pero no tiene que haber demasiada”, Françoise Dolto.

“…los niños se hallan en las fuentes del saber y es peligroso frenar su función imaginaria”, F. D.

“…son seres que hacen las verdaderas preguntas y buscan respuestas que los adultos no poseen”, F.D.

“…de él se habla mucho, pero a él no se le habla”, F. D.

“Señores pedagogos, no os fatiguéis haciendo reeducación del habla, sino que vosotros mismos, hablad ante él (el niño) de cosas que os interesan, en vez de intentar hacerlo hablar de aquello que supuestamente debería interesarle”, F. D.

“¿Por qué se ha roto en nuestra civilización industrial la cadena de respeto y amor entre generaciones? Sin embargo, como siempre, y en toda época, en todas las latitudes, quienes hoy reciben a un niño, y lo asisten, y lo protegen, serán en su vejez los asistidos y los protegidos de este niño hecho adulto. Sólo a través de sus testimonios orales a los jóvenes a quienes a su vez ese adulto tendrá la obligación de asistir, es como quedarán en la memoria de este grupo étnico los actos valiosos de los ancianos. Todo aquello que, de los actos, de los pensamientos, de las esperanzas, de los fracasos, haya sido humanizado por la palabra, será vivificante en el corazón de quienes están unidos los unos a los otros más allá de su breve existencia por esa cadena de amor y de intereses comunes”, F. D.

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Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las sabe el pueblo
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

El ganso patinador, La Hora del Niño

Las palabras de otros pueden resultar ajenas y placenteras como una canción, o tan nuestras que da rabia habérselas prestado a aquél que las ha escrito.

Todo empezó con la frase de mi madre:

-Los Reyes no existen, pero hoy es un día para hacer regalos.

Así llegó mi primer enciclopedia, que en la portada tenía una ardilla que me miraba fijo y unas letras que quién sabe qué decían (yo no sabía leer). Luego vino la quema de libros durante el golpe de Estado de Chile en 1973, y más tarde la colección de la Hora del Niño que mi abuela cargaba en cada uno de sus viajes a Suecia y nos leía paciente noche tras noche, seguida de un Principito precoz y de Cien Años de Soledad que supieron codearse con decenas de tomos de Agatha Christie heredados de ya no sé quién. Eran tiempos de zambullirme en cada historia y ser un personaje más.

Hoy he perdido la práctica, tengo la sensación de querer mezclarme con la palabra escrita como quien experimenta una extraña ósmosis. Intento recordar. Me paseo por los nombres de mis últimos autores: Nathaniel Hawthorne, Joan Amades, Alice Munro, Lord Dunsany, Miquel Pont, Salvador Espriu, Astrid Lindgren… Todos han tomado conmigo el desayuno o se han subido al metro una mañana fría. Para colmo, algunas imágenes, algunas voces sueltas, o incluso esas figuras que forman los blancos entre las palabras, me conmueven hasta tal punto que desplazan a lo importante, y ahí me quedo, con lo que resuena en mí de lo que estaba fuera de mí, como las ondas que deja una piedra lanzada al lago.

Por eso, cuando alguien me pregunta por algún libro que he leído, solo atino a contar un instante de mi intimidad, el encuentro aquél, el café caliente, el pan con mantequilla.

– Jove Cercamón, el camí del trobar no és fet per a tothom. Pots romandre joglar, cantar belles cançons fetes per altres, però si de debò vols assolir la paraula del trobador, hauràs de cercar i patir, trobar-te perdut i tancat, sol, desconhortat, fins que a dintre teu es faci una claror que poc a poc crema, purificant el cos: és el fin amors, l’amor que no demana penyores. L’amor, segons he trobat pertot i en mi mateix, no és altra cosa que un ferm voler cortès en homes lleials, i no hi ha ver amic sens ben amar. El camí és dolorós, pensa-t’ho bé, jove pastor: de trobadors de veritat, no n’hi ha gaires.

Paraules de N’Hug de Mataplana. Cercamón, de Lluís Racionero i Grau.

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